lunes, 26 de agosto de 2013

Capítulo 2.

-¡Ay! -Grité. Me acaricié la zona golpeada.- Podrías mirar por donde vas, ¿no? -Dije en inglés. Allí la mayoría eran ingleses, así que supuse que me había chocado con alguno de ellos.
-¿Perdona? Eras tú la que estaba girada. -Dijo una voz, un poco ronca. Levanté la cabeza y vi a un chico con capucha, por donde le asomaban dos pequeños ricitos. Llevaba gafas de sol, que impedían ver sus ojos. Me estaba sonriendo.- ¿Estás bien?
-Sí, perdona.
-Nada. ¿Como te llamas? -Me dijo él, aumentando su sonrisa.
-Eh... Miriam. Sí, Miriam. -Dije nerviosa.- Yo, eh... Iba a entrar al baño y...
-¡Ah, sí! Perdona. -Dijo él apartándose de la puerta.
-Gracias. -Sonreí y entré. Al salir, aquel chico seguía en la puerta.- ¿Qué quieres? -Le dije bordemente.
-Que no me he presentado. Soy Harry. -Me tendió la mano.
-Vale... y a mí me da igual. Quiero volver a mi asiento, nada más. Hasta luego. -Dije esquivándole y seguí andando. Noté como él se mordía el labio inferior. Llegué a mi asiento y me volví a sentar.
-¿Por qué has tardado tanto? -Me preguntó Marta.
-Ah... Nada. Me choqué con un chico... -Le dije sonriendo.
-¿Y era mono?
-No sé. -Llevaba gafas de sol... No le vi bien.
-Ah vale... -Dijo Marta.- Seguro que era guapo pero dices eso para que yo no le conozca. Le quieres para ti solita, ¿eh?
-Anda, ¡calla! -Reí.- ¡Si ni siquiera le conozco!
Pasó otra hora más y seguimos hablando de nuestras tonterías, de lo que haríamos al llegar a Londres... El avión iba a aterrizar dentro de unos minutos, por lo que nos volvimos a poner el cinturón. Justo en aquel momento, Inés se despertó.
-¿Eh? ¿Qué hora es?
-La hora de aterrizar. ¿Tú tienes una alarma dentro de ti, que te ha despertado justo ahora, o que?
-No sé. Supongo que será casualidad.
-Oye, Miriam. Cuando te levantaste para ir al baño, ¿viste a algún chico parecido a Zayn?
-¿O algún irlandesito rubio? -Preguntó Inés riendo.
-¿Y yo que sé? -Contesté.- Si ni siquiera me acuerdo de como son.
El avión aterrizó y nosotras nos pudimos levantar para coger nuestro equipaje de mano. Andamos como pudimos entre la gente. Nos paramos para estar las tres juntas y no dispersarnos. Vi de nuevo al chico de la capucha y las gafas, poco detrás nuestra. Pareció que él también me vio a mí, según la cara que puso. Luego me sonrió y le devolví la sonrisa. Salimos por la puerta entre empujones y pudimos llegar al aeropuerto. Cogimos un taxi que nos llevó hasta la casa de los tíos de Marta.
-¡Hola! Encantada, chicas, soy Jane. -Sonrió la amable tía de Marta.- Pasad, no os quedéis ahí.
-Tía, estas son Inés y Miriam. -Nos señaló.- ¿Y el tío Tom?
-Trabajando, cariño. ¡Alice! -Gritó Jane. Una niña rubia, con ojos azules se acercó a nosotras, saludándonos.
-¡Hola, chicas! Soy Alice. -Se presentó.
-¿Esta es la pequeña Alice?Wow, cuanto has crecido, enana. -Marta se agachó intentando ponerse a su altura. -¿Te acuerdas de mí? Hace mucho que no me ves. Soy la prima Marta. -Dijo sonriendo.
-Sí, si que me acuerdo. No soy tonta. -Le sacó la lengua, con gesto divertido.
-¿Cuántos años tienes ya? -Le pregunté.
-Diez. -Contesto ella. La misma edad que mi hermano.
-Mira, ya le ha salido novia a tu hermano. -Dijo Inés.- Y encima es tan guapa como la prima.
-Alice, cariño. ¿Puedes enseñarles sus habitaciones a las chicas mientras yo termino de hacer la comida?
-Claro, mamá. -Dice ella, esbozando una sonrisa pícara.
Subimos las escaleras hasta llegar a un ancho pasillo. En verdad, la casa era bastante grande. Primero pasamos a la habitación de Alice. Mirases a donde mirases, todo estaba lleno de posters de aquellos chicos, One Direction. En su habitación, bastante grande, con las paredes de un tono malva muy claro, casi tirando a blanco, había dos camas.
-Aquella va a ser tu cama. Te he hecho un hueco en el armario para que metas tu ropa. -Me dijo Alice con su dulce vocecilla. Se dirige al armario, bien grande, y me muestra el espacio para mi ropa.
-Wow, con lo grande que es el armario no habría hecho falta ni que dejases hueco. -Sonreí asombrada.
-¡¿¡Tú tambien eres Directioner!?! -Exclamó Inés asombrada, examinando todos aquellos posters.
-Claro. Su música, sus voces, sus ojos, sus sonrisas, sus tonterías... ¡Todo de ellos me encanta!
-Ains, esta es mi pequeña primita. -Dijo Marta revolviéndole el pelo.
Salimos de aquella habitación y entramos en otra próxima, de un color azul, bastante claro también. En esta había un escritorio, con un portátil color negro. También un armario enorme se extendía por una de las paredes de aquella habitación. Dos camas, con sábanas del mismo color estaban al lado de unas pequeñas mesillas. Un caballete con una pequeña paleta de pintura se hallaba en una de las esquinas.
-¡Vaya! -Dijo Inés.- ¿De quién es esto? -Dijo señalando el caballete.
-De mi madre, le encanta pintar. ¿Tu pintas?
-No, no pinto. No en caballetes. Con lápiz y papel soy feliz. -Inés dirigió su mirada a uno de los cuadros colgado encima de una de las camas. En el ponía "Jane Smith" en letras blancas, en una esquina. -¿Lo hizo tu madre?
-Sí. -Contestó ella, asintiendo a la vez con la cabeza.
-Vaya... Tiene que enseñarme a pintar así. -Dijo Inés sin quitarse su asombro de encima.
Dejé las maletas al lado de mi cama. Pregunté a Jane si podía salir a dar una vuelta antes de la cena. Con su permiso, salí a conocer los alrededores.

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