Aquella noche di unas cuantas vueltas en la cama, pero conseguí quedarme dormida poco después de acostarme. Me levanté y me dirigí al baño. Me di una reconfortante ducha y me puse una toalla encima. Fui a mi habitación y me puse esto:
http://www.polyvore.com/normal_is_boring/set?id=95519716
Bajé a la cocina a desayunar, donde me esperaban Marta, Alice e Inés, aún en pijama.
-¿No os pensáis vestir nunca? Hoy os tengo que llevar a casa de Harry.
-Pero si no le conoces, Miriam. -Replicó Marta, bordemente.
-Pues iré yo con la pequeña Alice, ¿vale? Así ella les conocerá y vosotras os pasaréis el resto del día aquí amargadas. -Me senté y me eché zumo en un vaso.
-Bueno... Por ir... -Dijo Inés mirándome y sonriendo.
-No, ¿en serio? ¿Tú también, Inés?
-Marta, eras vosotras las que decíais que cabía alguna posibilidad de conocerles. Desayuna, arréglate y nos vamos, ¿vale? -La dije en tono desafiante.
No hubo respuesta por su parte. Desayunamos en silencio y subí con Alice a la habitación.
-¿Que me pongo? -Me dijo riendo.
-Tan pequeña y ya preguntas eso... -Fui al armario y le saqué un conjunto con una camiseta blanca con mariposas verdes, y unas mayas verdes.- Esto mismo. -Sonreí.
Cuando Alice se cambió, fui a la habitación de Inés y Marta con ella y encendí el ordenador. Busqué la dirección de la casa de Harry. Estaba bastante lejos, así que iríamos en autobús, ya que Jane se llevó su coche al trabajo. Alice y yo salimos de la habitación y fuimos al salón. A los pocos segundos bajó Inés con esto puesto:
http://www.polyvore.com/bad_girl/set?id=95560310
Estuvimos un largo rato viendo la tele, mientras esperábamos a Marta. ¿Que mierda hacía? ¿Como tardaba tanto en vestirse? Esta tía no es ni medio normal... Ains. Lo que me ha tocado. Miré a Inés, que por su expresión, pensaba lo mismo que yo. Alice reía con los dibujos. Al cabo de unos minutos, Marta bajó y nos sonrió. Iba así:
http://www.polyvore.com/cgi/set?id=95572958&.locale=es
La sonreí irónicamente. Seguro que si yo me estuviese muriendo, tardaría horas en arreglarse para poder venir a salvarme. Suspiré y abrí la puerta. Ellas salieron y yo cerré. Me guardé las llaves en el bolsillo y andamos hacia la parada de autobuses más cercana. Nos sentamos a esperar el autobús. Estuvimos un rato esperando hasta que por fin llegó nuestro autobús. Al parecer no estaba muy lleno. Entramos y nos sentamos en la parte de delante. Marta iba conmigo y Alice con Inés.
-No me gustan los autobuses.- Dijo Marta.- Y menos si es para un viaje largo.
-Si quieres paramos el autobús y te vas andando... -Le dije.
-No, no. Creo que será mejor esto. -Reímos.
Una señora de unos... sesenta años se acercó a Marta y a mí.
-¿Este asiento está libre? -Nos preguntó.
-Eh... Sí. -Sonreí.
-Gracias preciosa. -Me dijo sentándose. Mis mejillas se pusieron rojas. Marta me miró y se rió.
-Vamos, Miriam. Te lo ha dicho una señora, no un tío.
La miré burlonamente y reí. Pasó una media hora pudimos llegar a la parada más cercana a la casa de Harry. Andamos unos cinco minutos y llegamos. En verdad la casa era enorme. Se oían gritos y risas de la parte de atrás, del patio. Llamé para que nos abriese la puerta de entrada a su jardín.
-¿Sí? -Dijo Harry desde dentro. Marta e Inés se miraron cómplices. Se preguntaban si en verdad era Harry.
-Soy Miriam, abre. -Dije sonriendo.
La puerta de la verja se abrió y pudimos pasar. Toqué el timbre, ya que Marta, Alice e Inés tenían la boca abierta mirando la increíble casa. ¿Empezaban a creerme? Alguien abrió la puerta, y pudimos ver una gran sonrisa. Las tres se miraron perplejas, abrieron más aún la boca y chillaron. Me tuve que tapar los oídos.
-¡¡Oh, madre!! ¡¡Es Harry Styles!! -Gritó Inés acercándose a él.- ¡No me lo creo! -Gritó más fuerte.
-Shh, no chilléis. -Dijo él riendo.
-¡AAAAH! ¡Harry Edward Styles Cox nos ha dicho que no chillemos! -Gritó Marta saltando.- ¿ERES REAL? -Se acercó a Harry y le abrazó. -¡Inés, Inés! ¡Sí que es real!
Yo las veía gritando y emocionadas, haciendo el pavo delante de Harry, que parecía asustado. Alice se escondió detrás de mí. La verdad, no pude contener la risa y comencé a reírme.
-¡Ya! -Dijo Harry.- Por favor, dejad de chillar ya.
Inés y Marta se echaron para atrás y sonrieron tímidamente. Alice emitió una pequeña risita.
-Bueno, ellas son Marta e Inés. -Las señalé riendo.- Y aquella pequeñaja es Alice.
Alice se acercó a ellas y le saludó a Harry con la mano.
-Vale, a ver. Si queréis pasar y conocer a los chicos, prometedme que vais a estar calladas.
-Eso es imposible, quiero decir, ¿quién estaría callada al conoceros? -Dijo Inés muy rápido.
-Ella. -Harry me señaló, a lo que yo le sonreí y me puse un mechón de pelo tras la oreja. -No chilléis. -Las dejó pasar. Luego pasé yo.
-Harry, va a ser imposible que no griten.-Le dije riendo.- Os adoran.
En lo que Harry y yo pasábamos al salón se oyó a Marta pegar un grito tremendo. Miré a Harry riéndome y entramos dentro.
-¿Qué te dije? -Sonreí.
Marta había visto a Zayn sentado en el sofá, viendo la tele. Empezó a ponerse roja y no paraba de gritar. Zayn se apartó rápidamente de ella, con una cara de asustado...
-Dios, dios, dios, dios, dios, dios, dios... -Comenzó a repetir Marta muy rápido.
-Ey, ey. Siéntate. -Dijo Zayn agarrándola y llevándola al sofá. -¿Estás bien? ¿Quieres agua? -Ella asintió. Zayn fue a la cocina y le trajo un vaso de agua. -Toma.
-¡Madre mía! ¡Zayn Malik me ha dado agua! -Volvió a gritar.
Alice se había sentado en el sofá riendo. Inés tenía los ojos como platos y no había dicho ni una sola palabra. Parecía que Marta se había calmado un poco. Me acerqué a Inés.
-¿Qué pasa? -Le pregunté.
Ella levantó el dedo índice, señalando a través de la cristalera. Vi a aquel chico rubio que tanto le gustaba, junto con otros dos más.
-Ni-ni-ni-ni-ni... -Dijo ella.
miércoles, 28 de agosto de 2013
martes, 27 de agosto de 2013
Capítulo 3
Fui paseando por las calles de Londres, mirando el suelo. Llevaba la cabeza baja, como siempre. Paré en una tienda de cómics. No es que me gusten, era para ver que tenían. Entré dentro y fui paseando por aquellos pasillos. Vi a dos chicos en una de las esquinas, eligiendo algún cómic. Uno de ellos tenía el pelo rizado y llevaba unas gafas de sol colgando de su camisa. El otro era moreno, de ojos color miel. ¿De que me sonaban? El de los rizos miró hacia mí y sonrió. Yo hice que leía el primer cómic que cogí.
-Hola... Miriam. -Sus ojos verdes hacían más intensa su expresión divertida, al ver mi cara extrañada.
-¿Qué? ¿Quien se supone que eres? -Dije.- ¿Y por qué me suenas tanto?
-¿No te acuerdas? -Sonrió más.- Harry. Ayer en el avión nos chocamos... Ya sabes.
-Ah... ¡Ese Harry! -Sonreí.
-Sí, el mismo. Harry Styles.
Espera, espera, espera. ¿Había dicho Styles? Ese apellido... ¡Mierda! Él era uno de aquellos chicos que tanto le gustaban a Inés y Marta. ¿Me había chocado con Harry Styles? ¿En serio? Wow. Reí para mis adentros.
-Eh... Harry, creo que tenemos que irnos. -El chico moreno se acercó a nosotos mirando la puerta, donde había un señor, vestido de negro. Llevaba gafas de sol y era bastante grande. Bueno, si ellos eran famosos, el sería su guardaespaldas.- ¿Quién es? -Dijo señalándome.
-Zayn, ella es Miriam. Ayer me choqué con ella en el avión.
-¡Ah sí! La chica de la que nos has hablado desde que llegaste. -Dijo Zayn sonriendo. Harry le lanzó una mirada asesina y este cambió su expresión.
-¿Eres Zayn Malik? -Pregunté.
-Claro. -Dijo él sonriendo.- ¿Por?
-Mi mejor amiga, Marta. Sí, se muere por ti...
-Bueno, pues dile que cuando quiera puede venir a vernos. Si es amiga tuya... -Sonrió Harry.
-Ya, pero cuando le diga que os he conocido no se lo va a creer. Ni ella ni Inés. -Sonreí.
-Harry, debemos irnos. -Le dijo Zayn.
-Sí, ve saliendo tú. -Zayn no hizo preguntas y salió por la puerta.- ¿Me dejas tu móvil? -Dijo agitando sus rizos.
-¿Para que?
-Tú déjamelo. -Le tendí el móvil sonriendo nerviosa. Lo cogió y escribió algo.- Ya está.
-¿Que has hecho? -No entendía nada.
-Acabo de apuntar mi número. Cuando quieras llámame. -Me miró travieso.- Lo digo por tus amigas... Ya sabes, Directioners.
-Ya, ya. -Sonreí. ¿Tengo el número de Harry Styles? Sí, lo tengo. Lo que no entiendo es como no me he puesto colorada ni un segundo. Pensé que si conocía a algún famoso algún día, al menos estaría nerviosa.
-Me tengo que ir. Llama, ¿vale? -Sus ojos verdes me dejaron atontada lo suficiente como para que el pudiese salir de la tienda sin obtener respuesta mía.
Salí rápidamente de aquella tienda y fui hasta la casa de los tíos de Marta. Entré por la puerta y las pude ver a las dos sentadas y aburridas en el salón. No se van a creer a quién he conocido.
-¡Hola, chicas! -Me lancé al sofá junto a ellas, riendo.
-Que contenta estás, Miriam... -Dijo Inés curiosamente.- ¿Que ha pasado?
-No os vais a creer a quién he conocido. -Dije con mi voz aguda.- ¡Harry Styles! ¡Wii!
Ninguna de las dos dijo nada. Se quedaron mirándome perplejas, hasta que estallaron en una gran carcajada.
-¿HARRY STYLES? -Dijo Marta riendo.- Prácticamente imposible.
-Jajajajaja. Miriam, no hace falta que nos mientas. Tú apenas podrías reconocerle.
-Pues no me creáis. -Me crucé de brazos.- El y Zayn estaban en la tienda de comics de la vuelta de la esquina. Me ha dado su número de teléfono. -Inés cogió mi móvil y miró los contactos.
-Sí, aquí hay un tal Harry Styles apuntado. -Miró a Marta.
-Por favor, chicas. No seáis tontas. Es prácticamente imposible que ellos dos estuviesen en la tienda de cómics, sin tener mil fans detrás. Aparte, si fuese verdad, ¿cómo es que Harry te dio su número?
-Ayer, en el avión me choqué con él cuando fui al baño. Supongo que me ha reconocido y me ha dado su número. Les he hablado de vosotras y me ha dicho que le llame si queréis ir a verles.
-Miriam, cariño. El viaje te ha sentado mal. Vete a dormir un poco. -Me dijo Marta.
-Bueno, si no me creéis es asunto vuestro. Mañana mismo les conocéis.
-¡Ya está! Deja de bromear sobre ellos. -Dijo Marta.
Les saqué la lengua, tipo niña de tres años y subí a mi habitación. Dejé el móvil en la mesilla y me tumbé en mi cama bocabajo. Levanté la cabeza y miré al móvil. ¿Y si llamaba a Harry? Me levanté y cogí el móvil. Suspiré y marqué su número.
*Conversación telefónica.*
-Hola, Harry. -Le dije.
-¿Miriam? Hola. Sabía que no ibas a poder resistirte. -Soltó una risa.
-Tss, calla, anda. Mis amigas no se creen que os haya conocido. ¿Mañana váis a hacer algo?
-No, estaremos en mi casa, supongo. -Contestó.- ¿Por?
-Bien, dame tu dirección.
-Pídemelo bien, pony.
-¿Pony? -Reí.- Porfa, Harry, porfa.
-Venga va. -Apunté su dirección en un trozo de papel.- ¿Coméis aquí mañana?
-Si no es molestia... -Reí.
-No, tú no molestas. -Hizo una pausa.- Es decir, tus amigas no molestan. -Rió nervioso.- Siempre y cuando no nos hagan nada... Raro.
-Gracias por todo, Harry. -Sonreí.- Bueno, pues... Hasta mañana.
-Adiós. -Colgamos.
-Hola... Miriam. -Sus ojos verdes hacían más intensa su expresión divertida, al ver mi cara extrañada.
-¿Qué? ¿Quien se supone que eres? -Dije.- ¿Y por qué me suenas tanto?
-¿No te acuerdas? -Sonrió más.- Harry. Ayer en el avión nos chocamos... Ya sabes.
-Ah... ¡Ese Harry! -Sonreí.
-Sí, el mismo. Harry Styles.
Espera, espera, espera. ¿Había dicho Styles? Ese apellido... ¡Mierda! Él era uno de aquellos chicos que tanto le gustaban a Inés y Marta. ¿Me había chocado con Harry Styles? ¿En serio? Wow. Reí para mis adentros.
-Eh... Harry, creo que tenemos que irnos. -El chico moreno se acercó a nosotos mirando la puerta, donde había un señor, vestido de negro. Llevaba gafas de sol y era bastante grande. Bueno, si ellos eran famosos, el sería su guardaespaldas.- ¿Quién es? -Dijo señalándome.
-Zayn, ella es Miriam. Ayer me choqué con ella en el avión.
-¡Ah sí! La chica de la que nos has hablado desde que llegaste. -Dijo Zayn sonriendo. Harry le lanzó una mirada asesina y este cambió su expresión.
-¿Eres Zayn Malik? -Pregunté.
-Claro. -Dijo él sonriendo.- ¿Por?
-Mi mejor amiga, Marta. Sí, se muere por ti...
-Bueno, pues dile que cuando quiera puede venir a vernos. Si es amiga tuya... -Sonrió Harry.
-Ya, pero cuando le diga que os he conocido no se lo va a creer. Ni ella ni Inés. -Sonreí.
-Harry, debemos irnos. -Le dijo Zayn.
-Sí, ve saliendo tú. -Zayn no hizo preguntas y salió por la puerta.- ¿Me dejas tu móvil? -Dijo agitando sus rizos.
-¿Para que?
-Tú déjamelo. -Le tendí el móvil sonriendo nerviosa. Lo cogió y escribió algo.- Ya está.
-¿Que has hecho? -No entendía nada.
-Acabo de apuntar mi número. Cuando quieras llámame. -Me miró travieso.- Lo digo por tus amigas... Ya sabes, Directioners.
-Ya, ya. -Sonreí. ¿Tengo el número de Harry Styles? Sí, lo tengo. Lo que no entiendo es como no me he puesto colorada ni un segundo. Pensé que si conocía a algún famoso algún día, al menos estaría nerviosa.
-Me tengo que ir. Llama, ¿vale? -Sus ojos verdes me dejaron atontada lo suficiente como para que el pudiese salir de la tienda sin obtener respuesta mía.
Salí rápidamente de aquella tienda y fui hasta la casa de los tíos de Marta. Entré por la puerta y las pude ver a las dos sentadas y aburridas en el salón. No se van a creer a quién he conocido.
-¡Hola, chicas! -Me lancé al sofá junto a ellas, riendo.
-Que contenta estás, Miriam... -Dijo Inés curiosamente.- ¿Que ha pasado?
-No os vais a creer a quién he conocido. -Dije con mi voz aguda.- ¡Harry Styles! ¡Wii!
Ninguna de las dos dijo nada. Se quedaron mirándome perplejas, hasta que estallaron en una gran carcajada.
-¿HARRY STYLES? -Dijo Marta riendo.- Prácticamente imposible.
-Jajajajaja. Miriam, no hace falta que nos mientas. Tú apenas podrías reconocerle.
-Pues no me creáis. -Me crucé de brazos.- El y Zayn estaban en la tienda de comics de la vuelta de la esquina. Me ha dado su número de teléfono. -Inés cogió mi móvil y miró los contactos.
-Sí, aquí hay un tal Harry Styles apuntado. -Miró a Marta.
-Por favor, chicas. No seáis tontas. Es prácticamente imposible que ellos dos estuviesen en la tienda de cómics, sin tener mil fans detrás. Aparte, si fuese verdad, ¿cómo es que Harry te dio su número?
-Ayer, en el avión me choqué con él cuando fui al baño. Supongo que me ha reconocido y me ha dado su número. Les he hablado de vosotras y me ha dicho que le llame si queréis ir a verles.
-Miriam, cariño. El viaje te ha sentado mal. Vete a dormir un poco. -Me dijo Marta.
-Bueno, si no me creéis es asunto vuestro. Mañana mismo les conocéis.
-¡Ya está! Deja de bromear sobre ellos. -Dijo Marta.
Les saqué la lengua, tipo niña de tres años y subí a mi habitación. Dejé el móvil en la mesilla y me tumbé en mi cama bocabajo. Levanté la cabeza y miré al móvil. ¿Y si llamaba a Harry? Me levanté y cogí el móvil. Suspiré y marqué su número.
*Conversación telefónica.*
-Hola, Harry. -Le dije.
-¿Miriam? Hola. Sabía que no ibas a poder resistirte. -Soltó una risa.
-Tss, calla, anda. Mis amigas no se creen que os haya conocido. ¿Mañana váis a hacer algo?
-No, estaremos en mi casa, supongo. -Contestó.- ¿Por?
-Bien, dame tu dirección.
-Pídemelo bien, pony.
-¿Pony? -Reí.- Porfa, Harry, porfa.
-Venga va. -Apunté su dirección en un trozo de papel.- ¿Coméis aquí mañana?
-Si no es molestia... -Reí.
-No, tú no molestas. -Hizo una pausa.- Es decir, tus amigas no molestan. -Rió nervioso.- Siempre y cuando no nos hagan nada... Raro.
-Gracias por todo, Harry. -Sonreí.- Bueno, pues... Hasta mañana.
-Adiós. -Colgamos.
lunes, 26 de agosto de 2013
Capítulo 2.
-¡Ay! -Grité. Me acaricié la zona golpeada.- Podrías mirar por donde vas, ¿no? -Dije en inglés. Allí la mayoría eran ingleses, así que supuse que me había chocado con alguno de ellos.
-¿Perdona? Eras tú la que estaba girada. -Dijo una voz, un poco ronca. Levanté la cabeza y vi a un chico con capucha, por donde le asomaban dos pequeños ricitos. Llevaba gafas de sol, que impedían ver sus ojos. Me estaba sonriendo.- ¿Estás bien?
-Sí, perdona.
-Nada. ¿Como te llamas? -Me dijo él, aumentando su sonrisa.
-Eh... Miriam. Sí, Miriam. -Dije nerviosa.- Yo, eh... Iba a entrar al baño y...
-¡Ah, sí! Perdona. -Dijo él apartándose de la puerta.
-Gracias. -Sonreí y entré. Al salir, aquel chico seguía en la puerta.- ¿Qué quieres? -Le dije bordemente.
-Que no me he presentado. Soy Harry. -Me tendió la mano.
-Vale... y a mí me da igual. Quiero volver a mi asiento, nada más. Hasta luego. -Dije esquivándole y seguí andando. Noté como él se mordía el labio inferior. Llegué a mi asiento y me volví a sentar.
-¿Por qué has tardado tanto? -Me preguntó Marta.
-Ah... Nada. Me choqué con un chico... -Le dije sonriendo.
-¿Y era mono?
-No sé. -Llevaba gafas de sol... No le vi bien.
-Ah vale... -Dijo Marta.- Seguro que era guapo pero dices eso para que yo no le conozca. Le quieres para ti solita, ¿eh?
-Anda, ¡calla! -Reí.- ¡Si ni siquiera le conozco!
Pasó otra hora más y seguimos hablando de nuestras tonterías, de lo que haríamos al llegar a Londres... El avión iba a aterrizar dentro de unos minutos, por lo que nos volvimos a poner el cinturón. Justo en aquel momento, Inés se despertó.
-¿Eh? ¿Qué hora es?
-La hora de aterrizar. ¿Tú tienes una alarma dentro de ti, que te ha despertado justo ahora, o que?
-No sé. Supongo que será casualidad.
-Oye, Miriam. Cuando te levantaste para ir al baño, ¿viste a algún chico parecido a Zayn?
-¿O algún irlandesito rubio? -Preguntó Inés riendo.
-¿Y yo que sé? -Contesté.- Si ni siquiera me acuerdo de como son.
El avión aterrizó y nosotras nos pudimos levantar para coger nuestro equipaje de mano. Andamos como pudimos entre la gente. Nos paramos para estar las tres juntas y no dispersarnos. Vi de nuevo al chico de la capucha y las gafas, poco detrás nuestra. Pareció que él también me vio a mí, según la cara que puso. Luego me sonrió y le devolví la sonrisa. Salimos por la puerta entre empujones y pudimos llegar al aeropuerto. Cogimos un taxi que nos llevó hasta la casa de los tíos de Marta.
-¡Hola! Encantada, chicas, soy Jane. -Sonrió la amable tía de Marta.- Pasad, no os quedéis ahí.
-Tía, estas son Inés y Miriam. -Nos señaló.- ¿Y el tío Tom?
-Trabajando, cariño. ¡Alice! -Gritó Jane. Una niña rubia, con ojos azules se acercó a nosotras, saludándonos.
-¡Hola, chicas! Soy Alice. -Se presentó.
-¿Esta es la pequeña Alice?Wow, cuanto has crecido, enana. -Marta se agachó intentando ponerse a su altura. -¿Te acuerdas de mí? Hace mucho que no me ves. Soy la prima Marta. -Dijo sonriendo.
-Sí, si que me acuerdo. No soy tonta. -Le sacó la lengua, con gesto divertido.
-¿Cuántos años tienes ya? -Le pregunté.
-Diez. -Contesto ella. La misma edad que mi hermano.
-Mira, ya le ha salido novia a tu hermano. -Dijo Inés.- Y encima es tan guapa como la prima.
-Alice, cariño. ¿Puedes enseñarles sus habitaciones a las chicas mientras yo termino de hacer la comida?
-Claro, mamá. -Dice ella, esbozando una sonrisa pícara.
Subimos las escaleras hasta llegar a un ancho pasillo. En verdad, la casa era bastante grande. Primero pasamos a la habitación de Alice. Mirases a donde mirases, todo estaba lleno de posters de aquellos chicos, One Direction. En su habitación, bastante grande, con las paredes de un tono malva muy claro, casi tirando a blanco, había dos camas.
-Aquella va a ser tu cama. Te he hecho un hueco en el armario para que metas tu ropa. -Me dijo Alice con su dulce vocecilla. Se dirige al armario, bien grande, y me muestra el espacio para mi ropa.
-Wow, con lo grande que es el armario no habría hecho falta ni que dejases hueco. -Sonreí asombrada.
-¡¿¡Tú tambien eres Directioner!?! -Exclamó Inés asombrada, examinando todos aquellos posters.
-Claro. Su música, sus voces, sus ojos, sus sonrisas, sus tonterías... ¡Todo de ellos me encanta!
-Ains, esta es mi pequeña primita. -Dijo Marta revolviéndole el pelo.
Salimos de aquella habitación y entramos en otra próxima, de un color azul, bastante claro también. En esta había un escritorio, con un portátil color negro. También un armario enorme se extendía por una de las paredes de aquella habitación. Dos camas, con sábanas del mismo color estaban al lado de unas pequeñas mesillas. Un caballete con una pequeña paleta de pintura se hallaba en una de las esquinas.
-¡Vaya! -Dijo Inés.- ¿De quién es esto? -Dijo señalando el caballete.
-De mi madre, le encanta pintar. ¿Tu pintas?
-No, no pinto. No en caballetes. Con lápiz y papel soy feliz. -Inés dirigió su mirada a uno de los cuadros colgado encima de una de las camas. En el ponía "Jane Smith" en letras blancas, en una esquina. -¿Lo hizo tu madre?
-Sí. -Contestó ella, asintiendo a la vez con la cabeza.
-Vaya... Tiene que enseñarme a pintar así. -Dijo Inés sin quitarse su asombro de encima.
Dejé las maletas al lado de mi cama. Pregunté a Jane si podía salir a dar una vuelta antes de la cena. Con su permiso, salí a conocer los alrededores.
-¿Perdona? Eras tú la que estaba girada. -Dijo una voz, un poco ronca. Levanté la cabeza y vi a un chico con capucha, por donde le asomaban dos pequeños ricitos. Llevaba gafas de sol, que impedían ver sus ojos. Me estaba sonriendo.- ¿Estás bien?
-Sí, perdona.
-Nada. ¿Como te llamas? -Me dijo él, aumentando su sonrisa.
-Eh... Miriam. Sí, Miriam. -Dije nerviosa.- Yo, eh... Iba a entrar al baño y...
-¡Ah, sí! Perdona. -Dijo él apartándose de la puerta.
-Gracias. -Sonreí y entré. Al salir, aquel chico seguía en la puerta.- ¿Qué quieres? -Le dije bordemente.
-Que no me he presentado. Soy Harry. -Me tendió la mano.
-Vale... y a mí me da igual. Quiero volver a mi asiento, nada más. Hasta luego. -Dije esquivándole y seguí andando. Noté como él se mordía el labio inferior. Llegué a mi asiento y me volví a sentar.
-¿Por qué has tardado tanto? -Me preguntó Marta.
-Ah... Nada. Me choqué con un chico... -Le dije sonriendo.
-¿Y era mono?
-No sé. -Llevaba gafas de sol... No le vi bien.
-Ah vale... -Dijo Marta.- Seguro que era guapo pero dices eso para que yo no le conozca. Le quieres para ti solita, ¿eh?
-Anda, ¡calla! -Reí.- ¡Si ni siquiera le conozco!
Pasó otra hora más y seguimos hablando de nuestras tonterías, de lo que haríamos al llegar a Londres... El avión iba a aterrizar dentro de unos minutos, por lo que nos volvimos a poner el cinturón. Justo en aquel momento, Inés se despertó.
-¿Eh? ¿Qué hora es?
-La hora de aterrizar. ¿Tú tienes una alarma dentro de ti, que te ha despertado justo ahora, o que?
-No sé. Supongo que será casualidad.
-Oye, Miriam. Cuando te levantaste para ir al baño, ¿viste a algún chico parecido a Zayn?
-¿O algún irlandesito rubio? -Preguntó Inés riendo.
-¿Y yo que sé? -Contesté.- Si ni siquiera me acuerdo de como son.
El avión aterrizó y nosotras nos pudimos levantar para coger nuestro equipaje de mano. Andamos como pudimos entre la gente. Nos paramos para estar las tres juntas y no dispersarnos. Vi de nuevo al chico de la capucha y las gafas, poco detrás nuestra. Pareció que él también me vio a mí, según la cara que puso. Luego me sonrió y le devolví la sonrisa. Salimos por la puerta entre empujones y pudimos llegar al aeropuerto. Cogimos un taxi que nos llevó hasta la casa de los tíos de Marta.
-¡Hola! Encantada, chicas, soy Jane. -Sonrió la amable tía de Marta.- Pasad, no os quedéis ahí.
-Tía, estas son Inés y Miriam. -Nos señaló.- ¿Y el tío Tom?
-Trabajando, cariño. ¡Alice! -Gritó Jane. Una niña rubia, con ojos azules se acercó a nosotras, saludándonos.
-¡Hola, chicas! Soy Alice. -Se presentó.
-¿Esta es la pequeña Alice?Wow, cuanto has crecido, enana. -Marta se agachó intentando ponerse a su altura. -¿Te acuerdas de mí? Hace mucho que no me ves. Soy la prima Marta. -Dijo sonriendo.
-Sí, si que me acuerdo. No soy tonta. -Le sacó la lengua, con gesto divertido.
-¿Cuántos años tienes ya? -Le pregunté.
-Diez. -Contesto ella. La misma edad que mi hermano.
-Mira, ya le ha salido novia a tu hermano. -Dijo Inés.- Y encima es tan guapa como la prima.
-Alice, cariño. ¿Puedes enseñarles sus habitaciones a las chicas mientras yo termino de hacer la comida?
-Claro, mamá. -Dice ella, esbozando una sonrisa pícara.
Subimos las escaleras hasta llegar a un ancho pasillo. En verdad, la casa era bastante grande. Primero pasamos a la habitación de Alice. Mirases a donde mirases, todo estaba lleno de posters de aquellos chicos, One Direction. En su habitación, bastante grande, con las paredes de un tono malva muy claro, casi tirando a blanco, había dos camas.
-Aquella va a ser tu cama. Te he hecho un hueco en el armario para que metas tu ropa. -Me dijo Alice con su dulce vocecilla. Se dirige al armario, bien grande, y me muestra el espacio para mi ropa.
-Wow, con lo grande que es el armario no habría hecho falta ni que dejases hueco. -Sonreí asombrada.
-¡¿¡Tú tambien eres Directioner!?! -Exclamó Inés asombrada, examinando todos aquellos posters.
-Claro. Su música, sus voces, sus ojos, sus sonrisas, sus tonterías... ¡Todo de ellos me encanta!
-Ains, esta es mi pequeña primita. -Dijo Marta revolviéndole el pelo.
Salimos de aquella habitación y entramos en otra próxima, de un color azul, bastante claro también. En esta había un escritorio, con un portátil color negro. También un armario enorme se extendía por una de las paredes de aquella habitación. Dos camas, con sábanas del mismo color estaban al lado de unas pequeñas mesillas. Un caballete con una pequeña paleta de pintura se hallaba en una de las esquinas.
-¡Vaya! -Dijo Inés.- ¿De quién es esto? -Dijo señalando el caballete.
-De mi madre, le encanta pintar. ¿Tu pintas?
-No, no pinto. No en caballetes. Con lápiz y papel soy feliz. -Inés dirigió su mirada a uno de los cuadros colgado encima de una de las camas. En el ponía "Jane Smith" en letras blancas, en una esquina. -¿Lo hizo tu madre?
-Sí. -Contestó ella, asintiendo a la vez con la cabeza.
-Vaya... Tiene que enseñarme a pintar así. -Dijo Inés sin quitarse su asombro de encima.
Dejé las maletas al lado de mi cama. Pregunté a Jane si podía salir a dar una vuelta antes de la cena. Con su permiso, salí a conocer los alrededores.
domingo, 25 de agosto de 2013
Capítulo 1
Bien. Viaje a Londres con mis dos mejores amigas, Marta e Inés. Desde hace unos cuantos días, llevábamos planeándolo todo. Marta tenía familia allí, su tía y su tío, que nos acogerían en su casa. Ella era mitad española y mitad inglesa. Por suerte, Inés y yo sabíamos hablar bastante bien el inglés. Y allí estaba yo, intentando cerrar la maleta. Me costó bastante, pero cuando lo conseguí, me levanté y me tiré en plancha a la cama. Me volví a levantar y me acerqué al baño. Me miré una última vez al espejo comprobando llevar el pelo en condiciones, y la ropa bien puesta. Cogí mi maleta y bajé por las escaleras como pude. La dejé en el salón junto con mi otra bolsa. Me dirigí a la cocina, donde estaba mi hermano.
-¡Que morro tienes! ¡Tú te vas a Londres y yo me quedo aquí!
-Oh, venga, Marcos. No es tan malo. -Abrí la nevera.- ¿Has visto el zumo?
-Esta en la mesa, inteligente. -Me dijo bordemente. Cogí el zumo y lo eché en un baso.- ¡Ey! Deja algo para mí también, hermanita.
-Tranquilo. Si ves el lado bueno, ya no me tendrás que soportar en todo el verano. -A mi hermano se le escapó una sonrisa traviesa.- Tampoco te pases, Marcos. -Le dije riendo.
Me tomé mi zumo y volví al salón. Allí estaban mi padre y mi madre, sentados en el sofá. Me acerqué a ellos.
-Voy a estar bien, soy muy responsable. -"Para lo que quiero", pensé.
-Cualquier cosa nos llamas, ¿vale? -Dijo mi madre preocupada.
-Sí. -Asentí.
-Cuídate y ten mucho cuidado. -Añadió mi padre.
-Que sí. -Me despedí de ellos, dándoles un beso en la mejilla a cada uno. Mi hermano salió de la cocina. -Adiós, enano. -Le dije sonriendo y despidiéndome de él, de la misma manera que con mis padres.
Les volví a decir adiós con la mano, y salí por la puerta, con mi bolsa y mi maleta. Justo pasó el coche rojo de la madre de Inés por la puerta de mi casa. Las saludé y metí las maletas en el maletero. Luego me senté atrás con ellas.
-¡Hola! -Dijeron las dos al unísono.
-¿Emocionadas? ¿Nerviosas? -Les pregunté.
-¡Las dos cosas! -Dijo Marta sonriendo.- Inés... ¡Pue-puede que conozcamos a nuestros nenes!
-¿Vuestros nenes? -Dije extrañada.- ¡Ah, sí! Aquellos chicos de... ¿One Direction?
-Exacto. -Dijo Inés.- Veo que ya te vas aprendiendo el nombre.- Me dijo con su bonita sonrisa.
-Bueno, sí. Pero las posibilidades de que les conozcáis son una entre un millón. Y si les veis, estarán rodeados de locas como vosotras dos; probablemente ni os firmen un autógrafo.
-Bueno, en eso consiste ser Directioner. -Comenzó Inés.
-Sí. Aunque ellos no sepan que existes, tú les sigues queriendo.
-Ya... Pues no lo entiendo. -Dije yo.
Continuamos discutiendo sobre eso todo el camino al aeropuerto. Al llegar, Inés se despidió de su madre y entramos dentro. Nos dirigimos al mostrador y facturamos nuestras maletas. Fuimos a la zona de embarque, donde nos pidieron el pasaporte y los billetes de avión. Por ultimo fuimos al control policial. Nos pusimos nerviosas por si algo pitaba, aunque no llevábamos nada que pudiera hacerlo. Cuando terminamos fuimos con una gran sonrisa hacia el avión, donde buscamos nuestros asientos y dejamos el equipaje de mano.
-Dios, chicas. Estoy tan nerviosa. ¡Todo el verano sin padres! -Grito Inés.
-¡Sí! Y en Londres está la mejor ropa. Dios, voy a gastarme todo el dinero en eso. -Dijo Marta, con un extraño brillo el los ojos.
-Madre, madre. Esperad a que lleguemos y ya os emocionáis. A lo mejor se nos estrella el avión y tal. -Dije riendo.
-Ya esta ella, -dijo Marta irónicamente.- pensando en lo mejor.
El vuelo iba a comenzar dentro de unos segundos, así que nos pusimos los cinturones a toda prisa. Yo me puse los cascos y comencé a escuchar mi música. Inés se quedó dormida a los pocos segundos. Antes nos había dicho que por la noche estaba tan nerviosa que no durmió mucho. Marta... Marta hacía lo de siempre. Miraba a un chico alto y guapo, en el asiento de enfrente. Suspiré.
Llegó la hora de comer en aquel vuelo. Extendimos las mesitas de los asientos y nos pusieron nuestra comida. Despertamos a Inés para que pudiera comer. Si fuese por ella, iría dormida todo el viaje.
-¿Y que haríais si conocéis a One Direction? -Les pregunté.
-Yo probablemente saltaría de emoción. Y luego abrazaría a Niall y no le volvería a soltar. -Dijo Inés.
-Yo violaría a Zayn. -Dijo Marta. Las tres reímos.
-¿Sabes? Seguramente Harry y tú os llevaríais genial. -Dijo Inés irónicamente.
-¿En serio? ¡Pero si ese es un creído!
-Ey, ey. Con nuestro Hazzita menos. -Me dijo Marta, intentando poner un tono amenazador que no consiguió.
-Bueno, vale. Tampoco hace falta que me matéis. -Dije riendo.
-Pero tienes que admitir que sus hoyuelos son muy monos. Y sus ojos, irresistibles. Y su sonrisa... Perfecta. -Dijo Inés en un suspiro.
-Ya. Yo también tengo todas esas cualidades y no voy fardando de ellas. -Sonreí.
-Seguro. -Me dijo Marta riendo.
-¿PERDONA? -Estallé en una carcajada.
-Tsss... No te rías así, que aquel chico tan mono va a pensar mal. -Dijo jugando con uno de sus mechones rubios.
-Ese chico ni siquiera está mirándote. -Dijo Inés.
-¡Oye! Antes me ha mirado. Pero no le habéis visto... -Marta puso una voz muy ñoña y se cruzó de brazos.
Después de comer, nos recogieron los platos. Inés volvió a dormirse. Yo volví a poner mi música y a escucharla. Marta seguía mirando a aquel chico.
Pasaron unos minutos y tuve que levantarme para ir al baño. Beber tanta agua, no era bueno.
-¿Dónde vas? -Susurró Marta, tratando de no despertar a Inés.
-Al baño. -Sonreí. ¿Que más le daba a ella?
-Bueno, intenta que aquel chico se fije en mí.
-Sigue soñando, rubia. -Le dije riendo.
Seguí caminando por los estrechos pasillos. Llegué a la puerta del baño y me giré para mirar a Marta. Volví a girarme de cara a los baños y me choqué con alguien.
-¡Que morro tienes! ¡Tú te vas a Londres y yo me quedo aquí!
-Oh, venga, Marcos. No es tan malo. -Abrí la nevera.- ¿Has visto el zumo?
-Esta en la mesa, inteligente. -Me dijo bordemente. Cogí el zumo y lo eché en un baso.- ¡Ey! Deja algo para mí también, hermanita.
-Tranquilo. Si ves el lado bueno, ya no me tendrás que soportar en todo el verano. -A mi hermano se le escapó una sonrisa traviesa.- Tampoco te pases, Marcos. -Le dije riendo.
Me tomé mi zumo y volví al salón. Allí estaban mi padre y mi madre, sentados en el sofá. Me acerqué a ellos.
-Voy a estar bien, soy muy responsable. -"Para lo que quiero", pensé.
-Cualquier cosa nos llamas, ¿vale? -Dijo mi madre preocupada.
-Sí. -Asentí.
-Cuídate y ten mucho cuidado. -Añadió mi padre.
-Que sí. -Me despedí de ellos, dándoles un beso en la mejilla a cada uno. Mi hermano salió de la cocina. -Adiós, enano. -Le dije sonriendo y despidiéndome de él, de la misma manera que con mis padres.
Les volví a decir adiós con la mano, y salí por la puerta, con mi bolsa y mi maleta. Justo pasó el coche rojo de la madre de Inés por la puerta de mi casa. Las saludé y metí las maletas en el maletero. Luego me senté atrás con ellas.
-¡Hola! -Dijeron las dos al unísono.
-¿Emocionadas? ¿Nerviosas? -Les pregunté.
-¡Las dos cosas! -Dijo Marta sonriendo.- Inés... ¡Pue-puede que conozcamos a nuestros nenes!
-¿Vuestros nenes? -Dije extrañada.- ¡Ah, sí! Aquellos chicos de... ¿One Direction?
-Exacto. -Dijo Inés.- Veo que ya te vas aprendiendo el nombre.- Me dijo con su bonita sonrisa.
-Bueno, sí. Pero las posibilidades de que les conozcáis son una entre un millón. Y si les veis, estarán rodeados de locas como vosotras dos; probablemente ni os firmen un autógrafo.
-Bueno, en eso consiste ser Directioner. -Comenzó Inés.
-Sí. Aunque ellos no sepan que existes, tú les sigues queriendo.
-Ya... Pues no lo entiendo. -Dije yo.
Continuamos discutiendo sobre eso todo el camino al aeropuerto. Al llegar, Inés se despidió de su madre y entramos dentro. Nos dirigimos al mostrador y facturamos nuestras maletas. Fuimos a la zona de embarque, donde nos pidieron el pasaporte y los billetes de avión. Por ultimo fuimos al control policial. Nos pusimos nerviosas por si algo pitaba, aunque no llevábamos nada que pudiera hacerlo. Cuando terminamos fuimos con una gran sonrisa hacia el avión, donde buscamos nuestros asientos y dejamos el equipaje de mano.
-Dios, chicas. Estoy tan nerviosa. ¡Todo el verano sin padres! -Grito Inés.
-¡Sí! Y en Londres está la mejor ropa. Dios, voy a gastarme todo el dinero en eso. -Dijo Marta, con un extraño brillo el los ojos.
-Madre, madre. Esperad a que lleguemos y ya os emocionáis. A lo mejor se nos estrella el avión y tal. -Dije riendo.
-Ya esta ella, -dijo Marta irónicamente.- pensando en lo mejor.
El vuelo iba a comenzar dentro de unos segundos, así que nos pusimos los cinturones a toda prisa. Yo me puse los cascos y comencé a escuchar mi música. Inés se quedó dormida a los pocos segundos. Antes nos había dicho que por la noche estaba tan nerviosa que no durmió mucho. Marta... Marta hacía lo de siempre. Miraba a un chico alto y guapo, en el asiento de enfrente. Suspiré.
Llegó la hora de comer en aquel vuelo. Extendimos las mesitas de los asientos y nos pusieron nuestra comida. Despertamos a Inés para que pudiera comer. Si fuese por ella, iría dormida todo el viaje.
-¿Y que haríais si conocéis a One Direction? -Les pregunté.
-Yo probablemente saltaría de emoción. Y luego abrazaría a Niall y no le volvería a soltar. -Dijo Inés.
-Yo violaría a Zayn. -Dijo Marta. Las tres reímos.
-¿Sabes? Seguramente Harry y tú os llevaríais genial. -Dijo Inés irónicamente.
-¿En serio? ¡Pero si ese es un creído!
-Ey, ey. Con nuestro Hazzita menos. -Me dijo Marta, intentando poner un tono amenazador que no consiguió.
-Bueno, vale. Tampoco hace falta que me matéis. -Dije riendo.
-Pero tienes que admitir que sus hoyuelos son muy monos. Y sus ojos, irresistibles. Y su sonrisa... Perfecta. -Dijo Inés en un suspiro.
-Ya. Yo también tengo todas esas cualidades y no voy fardando de ellas. -Sonreí.
-Seguro. -Me dijo Marta riendo.
-¿PERDONA? -Estallé en una carcajada.
-Tsss... No te rías así, que aquel chico tan mono va a pensar mal. -Dijo jugando con uno de sus mechones rubios.
-Ese chico ni siquiera está mirándote. -Dijo Inés.
-¡Oye! Antes me ha mirado. Pero no le habéis visto... -Marta puso una voz muy ñoña y se cruzó de brazos.
Después de comer, nos recogieron los platos. Inés volvió a dormirse. Yo volví a poner mi música y a escucharla. Marta seguía mirando a aquel chico.
Pasaron unos minutos y tuve que levantarme para ir al baño. Beber tanta agua, no era bueno.
-¿Dónde vas? -Susurró Marta, tratando de no despertar a Inés.
-Al baño. -Sonreí. ¿Que más le daba a ella?
-Bueno, intenta que aquel chico se fije en mí.
-Sigue soñando, rubia. -Le dije riendo.
Seguí caminando por los estrechos pasillos. Llegué a la puerta del baño y me giré para mirar a Marta. Volví a girarme de cara a los baños y me choqué con alguien.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)