Bien. Viaje a Londres con mis dos mejores amigas, Marta e Inés. Desde hace unos cuantos días, llevábamos planeándolo todo. Marta tenía familia allí, su tía y su tío, que nos acogerían en su casa. Ella era mitad española y mitad inglesa. Por suerte, Inés y yo sabíamos hablar bastante bien el inglés. Y allí estaba yo, intentando cerrar la maleta. Me costó bastante, pero cuando lo conseguí, me levanté y me tiré en plancha a la cama. Me volví a levantar y me acerqué al baño. Me miré una última vez al espejo comprobando llevar el pelo en condiciones, y la ropa bien puesta. Cogí mi maleta y bajé por las escaleras como pude. La dejé en el salón junto con mi otra bolsa. Me dirigí a la cocina, donde estaba mi hermano.
-¡Que morro tienes! ¡Tú te vas a Londres y yo me quedo aquí!
-Oh, venga, Marcos. No es tan malo. -Abrí la nevera.- ¿Has visto el zumo?
-Esta en la mesa, inteligente. -Me dijo bordemente. Cogí el zumo y lo eché en un baso.- ¡Ey! Deja algo para mí también, hermanita.
-Tranquilo. Si ves el lado bueno, ya no me tendrás que soportar en todo el verano. -A mi hermano se le escapó una sonrisa traviesa.- Tampoco te pases, Marcos. -Le dije riendo.
Me tomé mi zumo y volví al salón. Allí estaban mi padre y mi madre, sentados en el sofá. Me acerqué a ellos.
-Voy a estar bien, soy muy responsable. -"Para lo que quiero", pensé.
-Cualquier cosa nos llamas, ¿vale? -Dijo mi madre preocupada.
-Sí. -Asentí.
-Cuídate y ten mucho cuidado. -Añadió mi padre.
-Que sí. -Me despedí de ellos, dándoles un beso en la mejilla a cada uno. Mi hermano salió de la cocina. -Adiós, enano. -Le dije sonriendo y despidiéndome de él, de la misma manera que con mis padres.
Les volví a decir adiós con la mano, y salí por la puerta, con mi bolsa y mi maleta. Justo pasó el coche rojo de la madre de Inés por la puerta de mi casa. Las saludé y metí las maletas en el maletero. Luego me senté atrás con ellas.
-¡Hola! -Dijeron las dos al unísono.
-¿Emocionadas? ¿Nerviosas? -Les pregunté.
-¡Las dos cosas! -Dijo Marta sonriendo.- Inés... ¡Pue-puede que conozcamos a nuestros nenes!
-¿Vuestros nenes? -Dije extrañada.- ¡Ah, sí! Aquellos chicos de... ¿One Direction?
-Exacto. -Dijo Inés.- Veo que ya te vas aprendiendo el nombre.- Me dijo con su bonita sonrisa.
-Bueno, sí. Pero las posibilidades de que les conozcáis son una entre un millón. Y si les veis, estarán rodeados de locas como vosotras dos; probablemente ni os firmen un autógrafo.
-Bueno, en eso consiste ser Directioner. -Comenzó Inés.
-Sí. Aunque ellos no sepan que existes, tú les sigues queriendo.
-Ya... Pues no lo entiendo. -Dije yo.
Continuamos discutiendo sobre eso todo el camino al aeropuerto. Al llegar, Inés se despidió de su madre y entramos dentro. Nos dirigimos al mostrador y facturamos nuestras maletas. Fuimos a la zona de embarque, donde nos pidieron el pasaporte y los billetes de avión. Por ultimo fuimos al control policial. Nos pusimos nerviosas por si algo pitaba, aunque no llevábamos nada que pudiera hacerlo. Cuando terminamos fuimos con una gran sonrisa hacia el avión, donde buscamos nuestros asientos y dejamos el equipaje de mano.
-Dios, chicas. Estoy tan nerviosa. ¡Todo el verano sin padres! -Grito Inés.
-¡Sí! Y en Londres está la mejor ropa. Dios, voy a gastarme todo el dinero en eso. -Dijo Marta, con un extraño brillo el los ojos.
-Madre, madre. Esperad a que lleguemos y ya os emocionáis. A lo mejor se nos estrella el avión y tal. -Dije riendo.
-Ya esta ella, -dijo Marta irónicamente.- pensando en lo mejor.
El vuelo iba a comenzar dentro de unos segundos, así que nos pusimos los cinturones a toda prisa. Yo me puse los cascos y comencé a escuchar mi música. Inés se quedó dormida a los pocos segundos. Antes nos había dicho que por la noche estaba tan nerviosa que no durmió mucho. Marta... Marta hacía lo de siempre. Miraba a un chico alto y guapo, en el asiento de enfrente. Suspiré.
Llegó la hora de comer en aquel vuelo. Extendimos las mesitas de los asientos y nos pusieron nuestra comida. Despertamos a Inés para que pudiera comer. Si fuese por ella, iría dormida todo el viaje.
-¿Y que haríais si conocéis a One Direction? -Les pregunté.
-Yo probablemente saltaría de emoción. Y luego abrazaría a Niall y no le volvería a soltar. -Dijo Inés.
-Yo violaría a Zayn. -Dijo Marta. Las tres reímos.
-¿Sabes? Seguramente Harry y tú os llevaríais genial. -Dijo Inés irónicamente.
-¿En serio? ¡Pero si ese es un creído!
-Ey, ey. Con nuestro Hazzita menos. -Me dijo Marta, intentando poner un tono amenazador que no consiguió.
-Bueno, vale. Tampoco hace falta que me matéis. -Dije riendo.
-Pero tienes que admitir que sus hoyuelos son muy monos. Y sus ojos, irresistibles. Y su sonrisa... Perfecta. -Dijo Inés en un suspiro.
-Ya. Yo también tengo todas esas cualidades y no voy fardando de ellas. -Sonreí.
-Seguro. -Me dijo Marta riendo.
-¿PERDONA? -Estallé en una carcajada.
-Tsss... No te rías así, que aquel chico tan mono va a pensar mal. -Dijo jugando con uno de sus mechones rubios.
-Ese chico ni siquiera está mirándote. -Dijo Inés.
-¡Oye! Antes me ha mirado. Pero no le habéis visto... -Marta puso una voz muy ñoña y se cruzó de brazos.
Después de comer, nos recogieron los platos. Inés volvió a dormirse. Yo volví a poner mi música y a escucharla. Marta seguía mirando a aquel chico.
Pasaron unos minutos y tuve que levantarme para ir al baño. Beber tanta agua, no era bueno.
-¿Dónde vas? -Susurró Marta, tratando de no despertar a Inés.
-Al baño. -Sonreí. ¿Que más le daba a ella?
-Bueno, intenta que aquel chico se fije en mí.
-Sigue soñando, rubia. -Le dije riendo.
Seguí caminando por los estrechos pasillos. Llegué a la puerta del baño y me giré para mirar a Marta. Volví a girarme de cara a los baños y me choqué con alguien.
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